El camino.
Etapa 1: La niñez y el mundo maravilla.
La actitud lúdica amplía las barreras culturales que cotidianamente nos inhiben, nos limitan, nos coartan la creatividad. Principalmente porque aquello que trasgrede nuestras instituciones moralistas y retrógradas, es catalogado como locura o mero delirio, librando la real e infinita capacidad de crear, a los locos, los niños, y todo aquél cuya percepción se encuentra parcial o temporalmente alterada.
“Si las puertas de la percepción quedaran depuradas, todo habría de mostrarse ante el hombre tal cual es: Infinito”. William “el Loco” Blake.
Etapa 2: La Pre – Adolescencia y la vida en tragedia.
Aquí es donde el hombre muchas veces se detiene. Aquí donde todo es dolor y somos títeres de una ácida y morbosa comedia cósmica, basada en la ironía, del ser que nace condenado a morir. Porque así, todo logro es heroico, un mísero individuo contra el complotado mundo y sus sátiros dioses. Se creen David y Goliat.
La consecuente etapa de quien no se consiente…es la 3.
Etapa 3: La adolescencia. El vacío es la única verdad.
Entramos en la “objetividad”, en la abstracción como medio de concreción. Conocemos el Gris. Al breve tiempo, el insulso sabor de la vida coloca en dorado pedestal a la seductora muerte, y surge la primer gran pregunta… ¿Suicidio?
Es aquí donde los más valientes se humillan, y se adentran en La Nada.
Etapa 4: La nada y el comienzo de la filosofía.
Frágiles son los peldaños en que me balanceo. Emociones encontradas confunden mi razón, y suspenden mi ser en la nada (el vacío es interno, está enmarcado, delimitado, protegido). Yo, o mejor dicho, el solitario de mi, me encuentro en la nada, en la libertad plena, de reconocerse a si mismo y obrar, pero sin guía alguna y sin motivaciones.
Millares de estímulos sobrecargan de información nuestras débiles mentes, agotadas de una era en que se luchó contra las barreras culturales y las inhibiciones sociales. Hoy, que todos sonríen con banderas de “prohíbo prohibir”, estamos aturdidos, atontados en contemplación de las infinitas posibilidades, y sin fuerzas para alcanzar alguna.
Imágenes que en cálidas épocas fueron sepia, pasaron por el filtro de la “verdad”. Del blanco y negro, pero en nuestro tiempo, donde la felicidad está en el conocimiento, hemos encontrado el gris. Y eso no bastó, nos torturamos ubicando esta niebla humana en certezas ilusorias. Ahora, que no hay más preguntas, volvemos con anhelo al filtro del bien y el mal, pero es en vano. Ya hemos visto el sol al final del túnel, y no fue más que un vestigio de luz, reflejado en el agua al fondo de un pozo. Quizás la felicidad del conocimiento no está en la respuesta, sino en la búsqueda misma.
Allí me encuentro, preso de mi conciencia, figuras despojadas de forma humana aparente purifican mi santuario. Bestiales demonios se retuercen exorcizando traidores sin cuernos, no hay dorados ni blancos, porque la luz remite a la sombra, al túnel. Mi refugio es azul, infinito, complaciente. Una mueca forzada aparenta una sonrisa, los ojos intentan en vano mentir, la melancolía vuelve en una tristeza que no llora. Si un hilo de transparencia se escapa, es ley que muera de sed antes de tocar mi boca.
Un tejido azul, con dejos de sensualidad, hace las veces de telón, dando fin a la obra. Frío, calmo, profundo…Soy.
Etapa 5: El Todo. Tocando “La Verdad” + Etapa 6: El Hombre y La Divinidad.
...Al estilo de El Principito, la lógica cobra una significación completamente nueva…libre. No deducimos por comodidad, basándonos en costumbres, no basta. Necesitamos olvidar que hemos aprendido. Debemos pararnos frente a todo como un milagro, como un niño curioso, que investiga todo cuanto lo rodea con la misma fascinación. “Aquél que pierde la capacidad de sorprenderse está muerto”. (Albert Einstein).
El cierre anterior es la clave de esta nueva etapa… “Soy”. Ya nos definimos por descarte, luego en el reconocimiento del propio ser… ¿Y luego? ¿Qué hay más allá de la nada?
Otro milagro, el Todo. El reconocimiento en el otro, en los otros, cada cuerpo del universo… ¿Y la nada?... La imposibilidad de negarla hace algo inconcebible, nos obliga a replantearnos los límites del Ser…
Y tras pasar innumerables depresiones, una vez entendido el concepto de “opuestos complementarios”, de la abolición de los absolutos... algunos vuelven al vacío, y otros, descubren la ópera prima del alma, el “No - Yo”. Lo más cercano a la libertad que el hombre haya estado jamás, la última puerta… al derribarla, en algún lugar del ahogo por la marejada de conocimiento en bruto, se encuentra Dios. Al fin la respuesta está en nuestras manos, tan tímida, tan sencilla y vulgar, que las palabras no sirven, y el llanto se sucede con la risa (llorando de placer, riendo de angustia), en un extraño y absurdo rito.
Pasada la conmoción, miramos alrededor, y nos llena el pecho una alegría tan inmensa que maravilla… podría decirles incluso, que Renacemos.
Marco Guanella.
DNI: 34.381.029
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario